Otro de mis primeros recuerdos asociados a la televisión es el de levantarme muy temprano los sábados por la mañana —es lo que tiene criarte en Canarias— para acostarme en el sofá del salón, taparme con una manta de rayas rojas y azules entre otros colores y ver ese programa tan raro e irrepetible que fue La bola de cristal.

Y, como marcó a toda una generación, no se preocupen, que los electroduendes y compañía volverán a aparece por aquí porque no sé qué tiene esta bola que a todo el mundo le mola.

La bola de cristal, Careta de entrada, 1984-1988.

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