Vale que los flamencos al inicio de su cabecera son ya un icono, que todos suspirábamos por poder conducir un Ferrari Testarossa, vivir en un barco y tener un caimán como mascota y llevar una vida de lujo y desenfreno como la que retrataba. Pero no me negarán que, vista con el paso del tiempo, Corrupción en Miami se ha convertido en el paradigma de la horterada y el mal gusto convertidos en televisión.

Y, sin embargo, siempre me acordaré de aquel conjunto de pantalón y americana de sport que me regalaron para que lo llevara con una camiseta, igualito que Sonny Crocket. Nunca olvidaré la ilusión que me hizo. Ni lo hortera que, con los ojos de hoy, resultaba gran parte de su vestuario. ¡Ay, la nostalgia!

Del rumor de que Philip Michael Thomas era un negro “pintado”, si quieren, hablamos otro día.

Corrupción en Miami, Créditos de apertura, 1984-1989.

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