En algún momento de los años 80, todos los niños jugamos a ser Mike Donovan y liderar la resistencia que salvaría a la Tierra del dominio de los lagartos visitantes, armados con una pistola de rayos láser —que en nuestro caso era un trozo de madera, convenientemente recortado, procedente de una caja de naranjas— o a comernos una rata de un solo bocado, tal y como hacía la pérfida Diana. A esta última tarea prestó una gran contribución la empresa que fabricaba unas pastillas de goma con la forma de ese animal y cuyo sabor y textura no he vuelto a encontrar jamás, a pesar de haber probado toda clase de esos dulces, que en Canarias nunca fueron gominolas, desde entonces.

Cuando, hace un par de años se anunció una nueva versión de “V”, pensé que podrían volver a ponerse de moda. Pero mi gozo en un pozo. Una vez más, segundas partes nunca fueron buenas. Al igual que la serie original, todo sea dicho de paso.

V, Créditos de apertura, 1984.

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