La publicidad televisiva, esas pequeñas historias contadas en unos pocos segundos y que pretenden persuadirnos para consumir toda clase de productos que en la mayor parte de los casos no necesitamos, está destinada a quedar grabada en nuestra memoria. O, al menos, lo estaba. Porque en los años 80, con solo dos canales de televisión, el zapping no era una opción y dedicar las pausas a consultar Twitter habría sonado a chino. No quedaba otra que tragarse todos los anuncios.

Gracias a ello, tres décadas después, recordamos que con Pronto de Johnson, “además de limpieza, consigues belleza”, aunque, para ser sincero lo que de verdad nos habría gustado a todos es decir aquello de “Tú pasa el Pronto y yo el paño” y tirarnos sobre la mesa de juntas, aun a riesgo de cargarnos el arcaico ordenador que se ve al fondo. Que la presidenta del consejo fuese una mujer es lo de menos. Yo siempre tendré el trauma de no haber podido imitarla.

Anuncio Pronto, “Tú pasa el Pronto y yo el paño”.

Anuncios