¿Qué consecuencias puede tener sobre la tierna mente infantil seguir las aventuras de un bicho verde, extraterrestre y peludo que se dedica a comer relojes, parquímetros y similares artilugios mecánicos cada vez que le entra hambre? Imagino que, según los creadores de esta mítica serie, la adquisición de algunos conocimientos de inglés. Sin embargo, en mi caso, para (casi) lo único que sirvió fue para poder decir «I’m Muzzy, big Muzzy. I’m hungry» cada vez que me estoy muriendo de hambre.

Del rey, el jardinero Bob, el pérfido Corvax y la princesa Sylivia y sus múltiples clones, ya hablaremos otro día, que ahora I’m hungry.

Muzzy, The Big Muzzy Story, 1986.

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