Los años 80 y gran parte de los 90 constituyó la época dorada de los grandes concursos en la televisión española. Tras la estela del mítico Un, dos, tres, en 1988 nació un programa destinado a deslumbrar en las noches catódicas con sus impresionantes escaparates de premios. Era El precio justo. La mecánica, importada de los Estados Unidos, era simple: los concursantes tenían que llegar a la final superando una serie de preguntas y pruebas en las que lo esencial era aproximarse lo más posible y sin pasarse al precio justo de los regalos que presentaba el programa.

El encargado de conducir el espacio fue el inolvidable Joaquín Prat, que convirtió la frase «¡A jugar!» en un clásico de la televisión cuyo recuerdo ha sobrevivido hasta nuestros días.

El precio justo, Primer programa (fragmento), 1988.

Anuncios