Siempre se ha dicho que hay vendedores capaces de venderle una nevera a un esquimal (como si los esquimales, por el hecho de vivir en las inmediaciones del Círculo Polar Ártico, no necesitaran este electrodoméstico) y lo cierto es que algo de esta filosofía fue la que adoptó Coco el día que decidió ir a casa de Gustavo, dedicido a venderle alguno de los cepillos de dientes que formaban parte de su muestrario, a la vez que, de forma muy sutil, enseñaba a los niños qué es cómo se usa uno de esos aparatitos.

Lo malo es que Coco no previó que las ranas no tienen dientes. Sin embargo, el simpático monstruo azul no iba a dejar que una tontería como esa estropease sus planes y rápidamente encontró una solución para el problema. Lástima que no fuese del agrado de Gustavo y que, por ello, las cosas no salieran tal y como Coco esperaba. Pero, mejor. Así fue mucho más divertido.

Barrio Sésamo, Coco vendedor de cepillos de dientes a domicilio, c. 1984.

Anuncios