“Y me rasco la barriga
con muchísimo interés
mientras huelo alguna cosa,
pues me gusta mucho oler”

Durante muchos años, los niños de los 80 nos hicimos una pregunta cuya falta de respuesta nos atormentó a lo largo de nuestra infancia: ¿por que, si durante el día iba completamente desnudo, Espinete se ponía un camisón —con gorro y todo, ¡ojo!— para irse a la cama? Y, ya de propina, ¿por qué su prima Espinilla —qué originales, ¿eh?— sí que vestía ropa?

El hecho, en cambio, de que fuera un erizo de color rosa y metro ochenta que vivía en una caseta y se relacionaba como uno más con los habitantes humanos —y con Don Pimpón, fuese lo que fuese este último— de Barrio Sésamo no nos planteaba ninguna clase de duda ni conflicto, no en vano, Espinete tenía su propia canción para explicarlo.

Pero, ¡ay!, del asunto del pijama sí que no hablaba.

Barrio Sésamo, La canción de Espinete, c. 1984.

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