“Dar la vuelta al mundo es una historia sin final,
Nunca sabes cuando acaba bien o acaba mal.
Lo único importante es estar juntos y ya está.

Hay muchos peligros,
Cosas fáciles, difíciles,
Y gente buena y mala,
Aventuras, desventuras sin parar.

Hay que ser amigos,
Eso es lo fundamental.
Si tu vas delante yo vigilo desde atrás.
Y si yo te ayudo sé que tú me ayudarás”

En los años 80 existía un momento del fin de semana en el que los ojos de la práctica totalidad de los niños del país se dirigían hacia el mismo sitio. Todos los sábados y domingos, la media hora que separaba el final de la primera edición del Telediario y el comienzo de la película que se iba a emitir en Primera sesión —posteriormente Sesión de tarde— se convertía en el momento de los dibujos animados más esperados de toda la semana. Por esa franja horaria pasaron series como Dartacán y los Tres Mosqueteros, La vuelta al mundo de Willy Fog, David el Gnomo o Los Pitufos, que con el paso del tiempo acabarían siendo de las más recordadas por quienes hoy nos encontramos inmersos en la treintena.

Tico, el simpático ratón andaluz que acompañaba a Willy Fog y sus amigos en su viaje alrededor del mundo, era el encargado de interpretar junto al grupo Mocedades la canción con la que esta serie se despedía cada domingo de su audiencia. Un canto —nunca mejor dicho— a la amistad y la solidaridad, en el que desfilaban los principales personajes de la serie rodeados de toda clase de relojes.

Uno de ellos era el inseparable reloj de sol que siempre llevaba Tico en uno de sus bolsillos y que fascinó a casi todos los niños de la época. A pesar de que era completamente inútil. Danone —si no recuerdo mal— sacó una promoción por la cual era posible conseguir una réplica y un compañero de mi clase consiguió uno. Jamás logramos que funcionara. Aunque, eso sí, se pistoseaba con él todo lo que quería y más.

La vuelta al mundo de Willy Fog, Créditos finales, 1983.

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