Hace algo más de una semana, les hablaba de El kiosoco, un programa dirigido al público infantil y presentado por Verónica Mengod y una marioneta salida de la factoría de Jim Henson a la que daba vida el actor Pepe Carabias y que respondía al nombre de Pepe Soplillo. Lo que no les comenté en aquella ocasión es que yo tengo un Pepe Soplillo. Llegó a mi casa en los Reyes de, probablemente, 1985 y, como puede verse grabado en la parte posterior de la cabeza, se trata de un producto oficial licenciado por Televisión Española.

En realidad, en mi casa conviven dos de esas figuras. Una es mía y la otra, de uno de mis hermanos. En aquella época le hicimos una marca a una de ellas para diferenciarlas y saber quien era su propietario. Lo malo es que ahora, casi treinta años después, no recuerdo ni en qué consistía la marca ni el muñeco de quién identificaba. Así que me veo llegando a los tribunales cuando a alguno de los dos se le ocurra reclamar la custodia de un genuino Pepe Soplillo original.

Con la propiedad de Naranjito tendré menos problemas, pero de eso ya les hablaré en otra ocasión.

Pepe Soplillo

Mi Pepe Soplillo. O el de mi hermano, quién sabe.

Me parece, por cierto, que igual las iniciales de la camiseta no son de lo más popular hoy en día. O sí, cualquiera sabe.

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