En la segunda mitad de los años 80, el ventrílocuo José Luis Moreno y sus muñecos, Monchito, Rockefeller y Macario, triunfaron durante algunos años en el programa de variedades Entre Amigos. En una época de solo dos canales no sorprendía el éxito de un programa que combinaba las actuaciones humorísticas con las musicales. Que volviera a cosecharlo, rebosando caspa por los cuatro costados, en la primera década del siglo XXI es digno de estudio. Y, sin embargo, ahí está el inolvidable —y créanme si les digo que he intentado olvidar infructuosamente sus matrimoniadas con todas mis fuerzas— Noche de Fiesta.

Pero lo cierto es que veinte años atrás, los muñecos de José Luis Moreno arrasaban dondequiera que apareciesen. La estrella, sin duda, era el ácido y deslenguado cuervo Rockefeller. Pero, poco a poco, el ingenuo y pueblerino Macario fue haciéndose un hueco en el corazón de los televidentes, convirtiendo durante un tiempo algunas de sus coletillas en parte del lenguaje habitual.

Sin embargo, este muñeco no gustaba a todos por igual. Sin ir más lejos, mi hermano pequeño —que hoy cumple años— tenía un miedo atroz a una imitación de esas que regalaban en las tómbolas unos años después, posiblemente cuando su popularidad ya había decaído bastante, que aunque no recuerdo muy bien de dónde había salido, pululaba por casa de mi abuela. Cuando había peligro de que cogiese algo que no debía coger o de que entrase en una habitación en la que no debía entrar, bastaba con poner el Macario delante de la puerta.

Macario

El Macario, o una piñata de cartón con forma de payaso que se usó en uno de sus primeros cumpleaños y más tarde se recicló en espantaniño. Pero esa es otra historia de la que no se conservan restos. Al contrario de lo que ocurre con Macario. Y mira que era feo el jodío.

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