Tras el chasco de Remedios Amaya, en 1984 Amaya Saizar y su grupo Bravo fueron los encargados de intentar recomponer el maltrecho honor español en el Festival de Eurovisión. Y hasta Luxemburgo se fueron para defender el pegadizo tema Lady, Lady, que, a pesar de haber caído en el casi más absoluto de los olvidos, cosechó un merecido tercer puesto y la mejor clasificación de nuestro país en el certamen en toda la década de los 80.

Pero como este blog no va de radiografías eurovisivas, sino de recuerdos, me veo en la obligación de confesar que, aunque por aquella época sólo contaba con poco más de seis años, recuerdo claramente que pasé bastante tiempo impresionado por el hecho de que una canción tan festiva pudiese esconder una historia tan triste, la de una persona que perdió a su amor y, sin embargo, no renuncia a la esperanza. Sí, ahora lo sé. Es la vida misma.

Algo así como la relación de España con Eurovisión. Nunca volveremos a ganar, pero no perdemos la esperanza.

Bravo, Lady, Lady, 1984.

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