Hablar de bares televisivos de los años 80 es, sin ninguna clase de duda, hablar de un local muy peculiar, con una entrañable parroquia de fieles, una música inconfundible y, por supuesto, donde todos eran capaces de saludarte por tu nombre cuando cruzabas la puerta. ¿De verdad se podía pedir algo más?

Cheers, Créditos de apertura, 1982-1993.

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