Tiempo atrás me preguntaba qué consecuencias podría haber tenido para una mente infantil seguir las desventuras de Muzzy y sus compañeros mientras intentaba aprender algo de inglés. Después de haberlo pensado durante algún tiempo, imagino que la respuesta debe de ser algún que otro trauma. Si no, ya me explicarán por qué una de las secuencias más recordadas es aquella en la que decenas de clones de la princesa Sylvia que no dejaban de repetir «Hello, daddy» y «Yes, mammy» por todo el palacio.

Aún hoy, acongoja.

Muzzy, The Big Muzzy Story, 1986.

Anuncios