Ya sé que la película que da título a este apunte es de 1974, pero su recuerdo me impactó tanto que no me queda otro remedio que reflejarlo aquí. Sucedió, creo recordar, un sábado por la noche en el que Televisión Española decidió emitir El coloso en llamas. Yo tenía —seguro— menos de ocho años y medio y, sabiamente, mis padres me mandaron a la cama, pero como no podía dormir, me dediqué a espiar a ratos desde la puerta del salón.

Dos escenas —pido perdón por los posibles spoilers— me sobrecogieron muchísimo. En una, alguien, atrapado en una de las salas del edificio, rompe una de las ventanas para intentar respirar. El oxigeno, al entrar en la habitación, reacciona con el fuego cercano y la convierte en un infierno. La otra, es la explosión de uno de los helicópteros que intenta rescatar a las personas que están atrapadas en la azotea del rascacielos.

No recuerdo haber sufrido muchas pesadillas durante mi infancia. A lo sumo, recuerdo dos o tres noches con sus respectivos sueños. Puedo asegurar que esa fue una de ellas. Desde entonces, no he querido volver a ver esa película.

El coloso en llamas, Créditos de apertura y selección de escenas, 1974.

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