La reciente muerte del actor Alfredo Landa ha servido para reivindicar su faceta dramática, frente a su vertiente más cómica, encarnada, cómo no, en las cientos de películas que interpretó durante la época del destape o algunos de sus últimos trabajos para televisión. Sus interpretaciones en cintas como El puente, El bosque animado, Los santos inocentes o las dos partes de El crack —si no han visto estas dos últimas se lo recomiendo encarecidamente y decir eso sobre dos trabajos de José Luis Garci ya es mucho decir— han sido enarboladas para intentar elevar la figura del actor navarro más allá del landismo y Vente a Alemania Pepe.

Y, sin embargo, qué quieren que les diga, yo no he podido dejar de imaginarmelo en Tristeza de amor, aquella serie ochentera de cabecera hipnótica ambientada en el mundo de la radio para mostrar la triste vida de aquellos a los que su apuesta por el amor les había salido mal. Pero, claro, ¿quién soy yo para olvidar esas imágenes de un Madrid nocturno acompañadas de la desgarrada voz de Hilario Camacho?

Tristeza de AmorCréditos de apertura, 1986.

Anuncios