Está claro que a Miguel Bosé le ha gustado provocar durante toda su vida. Quizá por ello todavía hoy recuerdo la conmoción que causó en la todavía timorata sociedad española cuando a mitad de los ochenta le dio por envolverse de un halo de ambigüedad y actuar vestido con un pantalón falda o, sin ser torero, luciendo una vistosa coleta.

Lo del pelo largo en los hombres se aceptó pronto. Lo de las faldas, en cambio, acabó degenerando en cosas como Locomía. En cuanto a Bosé, todavía hoy sigue provocando. Y haciéndonos disfrutar con sus grandes canciones, por suerte.

Miguel Bosé, Sevilla, 1984.

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