Ahora que julio arranca envuelto en una atmósfera asfixiante, sólo puedo pensar en que, tal y como cantaban Espinete y Don Pimpón, yo quiero ser marinero. Ser un lobo de mar se antoja lo más acertado para huir de este calor y refugiarse en la fresca brisa marina. Lástima que en sus canciones no informaran también de la cara más negativa de esta romántica profesión.

Barrio Sésamo, Soy marinero, c. 1984.

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