Tres amigas sesentonas y la anciana madre de una de ellas compartiendo residencia en la soleada Florida, paraíso de los jubilados estadounidenses, no parece ser el mejor argumento para una comedia de situación. Al menos a priori. Porque gracias a estos mimbres, traducidos en la cascarrabias Dorothy, la presumida y alocada Blanche, la ingenua Rose y el ácido humor de Sophia Las Chicas de oro no sólo lograron estar siete temporadas en antena, sino que se convirtieron en una de las series más recordadas de los años 80.

Por ello, al igual que Ross Geller, todavía hoy muchos recordamos con cariño, además de su inolvidable sintonía, sus charlas de madrugada en torno a un café y una eterna tarta de queso, en las que nunca faltaba Sophia contando una de sus clásicas historias ambientada en la Sicilia de los años 30, tiempos de Benito Mussolini y del aceite de ricino. Así que de las dos adaptaciones perpetradas por Televisión Española mejor no hablamos.

Las Chicas de oro, Créditos de apertura, 1985-1992.

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