Si alguna pega ha tenido siempre el Cola Cao —porque, por desgracia, tenía que tener alguna— es que nunca se ha disuelto bien en leche fría. Por ello, a lo largo de los veranos de los 90 inventaron todo tipo de artilugios —baticao, cóctelcao, turbocao e, incluso, karaocao— con los que intentaban que los niños se preparasen su Cola Cao de forma divertida, a la vez que aumentaban sus ventas en los siempre calurosos días de verano en los que lo último que apetece tomar es «un buen tazón de Cola Cao», que diría otro de sus míticos anuncios.

Sin embargo, años antes ya habían enviado ese mismo mensaje a las madres, con un spot en el que les enseñaban cómo preparar algo tan sencillo como un batido de chocolate con diez cucharadas de Cola Cao, un litro de leche y, muy importante, una batidora. No debió de funcionarles muy bien, porque más tarde sacaron todos esos absurdos inventos de los que hablaba antes, muchos de los cuales aún andan por casa. Sin estrenar, por supuesto.

Mucho después, crearon el Cola Cao Turbo, que sí que se disuelve en la leche fría. Y pensaron que habían solucionado el problema del Cola Cao de verano. Pero yo lo probé una vez. Y no pienso hacerlo más: no sabe a Cola Cao.

Cola Cao, Cola Cao bien frío, 1988.

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