Todos los que crecimos viendo Barrio Sésamo, sabemos que Epi es un plasta redomado y que el pobre Blas tiene más paciencia que el santo Job por soportar (casi) estoicamente todos sus caprichos. Pero ya desde aquel entonces esa innegable capacidad de Blas para tolerar las majaderías de Epi, debería de habernos activado todas las alarmas. Sobre todo, cuando hacía gala de que las palomas eran una de las cosas que más le gustaban en este mundo. Y es que, seamos sinceros, un tipo al que le gustan las palomas no es muy de fiar.

Barrio Sésamo, Epi no sabe si despertar a Blas, c. 1984.

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