Cuatro o cinco años antes de que los mellizos Brandon y Brenda Walsh y su pandilla de amigos pijos de Beverly Hills convirtiesen la «sensación de vivir» en un culebrón juvenil tan exitoso como increíble —y, visto con ojos de hoy, infumable—, esta expresión era sinónimo de sentirse en la cima del mundo y ser capaz de cualquier cosa. Gracias, cómo no, a Coca Cola, compañía que podrá ser todo lo siniestra que muchos opinen, pero que a lo largo de su historia ha demostrado dominar como pocas el arte de crear iconos a través de la publicidad, ya sea insuflando la chispa de la vida o despertando la sensación de vivir a las once y media. Pero de esa hora igual hablamos otro día.

Coca Cola, Sensación de vivir, 1988.

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