Que la letra del tema central de una película que narraba las vicisitudes de un grupo de médicos estadounidenses que desarrollaba su trabajo en medio de la guerra de Corea se titulara Suicide is painless (El suicidio es menos doloroso) dice mucho de sus intenciones. Que su alegato antibelicista estuviese presente en los hogares de millones de personas durante once años gracias al gran éxito que cosechó la agridulce comedia que se basaba en esa película, aún mucho más.

Los recuerdos que guardo de MASH, que en España se estrenó hacia 1983, son muy vagos, más allá de las cómicas situaciones que generaba el travestismo del cabo Maxwell Kilnger o ver a todo el personal de campaña corriendo hacia el helipuerto cada vez que llegaba un helicóptero cargado de heridos. Sin embargo, jamás podré olvidar aquella vez que, entre finales de los 80 y principios de los 90, en una de esas noches de viernes que pasaba en casa de mi abuela, de casualidad, me encontré con la película dirigida por Robert Alman.

La sensación de tristeza, vacío, desasosiego e incomprensión que despertó en mí, apenas un niño, es algo que aún hoy, más de dos décadas después, todavía revivo cada vez que vuelvo a escuchar la versión instrumental de su banda sonora. Una pieza que durante once temporadas sirvió como preludio a un nuevo capítulo de una serie que mostraba por qué en la guerra el suicidio es menos doloroso.

MASH, Cabecera de entrada y créditos finales, 1972-1983.

Anuncios