Hace unos días, mientras rebuscaba en YouTube a la caza de algunos vídeos con los que poder ilustrar varias entradas de esta bitácora, me encontré con una historia de los Nabucodonosorcitos, aquellos pequeños y extraños bichejos que vivían en tetrabrik en la jardinera que Epi cultivaba en su ventana, que me demostró que nada de lo que está pasando hoy en España ha podido cogernos por sorpresa.

Porque, si a comienzos de los 80 un grupo de insectos ya nos advertía de los perniciosos efectos de la burbuja inmobiliaria, dedicándose a especular urbanísticamente con un pequeño jardín de Barrio Sésamo con nefastas consecuencias, los adultos de hoy casi nos merecemos el solar en el que en los últimos veinte años han convertido este país. Y lo más triste de todo es que, al menos, los Nabucodonosorcitos intentaron enmendar su error. Aquí, en cambio, se le «presta» dinero público a la banca y se deja que siga con su labor preferida: especular.

Barrio Sésamo, Los Nabucodonosorcitos, c. 1984.

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