Un par de años después de haber cosechado un notable éxito con las aventuras protagonizadas por David el Gnomo, Televisión Española y la productora B.R.B. decidieron volver a probar suerte con una serie protagonizada por otro de estos simpáticos personajes. Si David era un médico que se dedicaba a cuidar de todos los animales del bosque, en este caso el protagonista era el juez Klaus, un gnomo encargado de repartir justicia en el mundo de los gnomos, aunque su jurisdicción se extendía también al de los animales.

En lugar de viajar en un zorro —¡Si yo hubiese sabido en esa época lo ligada que iba a estar mi vida a otro tipo de Swift durante una época!—, Klaus prefería volar a lomos de un cisne, junto a su ayudante Dany, otro gnomo barbudo, aunque pelirrojo y bastante patoso. Quienes sí repetían participación eran los temibles —tontos y torpes, por qué no decirlo— trolls, unos seres feos y apestosos que disfrutaban haciendo la vida imposible a los gnomos.

Y hasta aquí, la parte descriptiva. En la opinativa, mejor no me extiendo. Baste con decir que Klaus y su mundo no le llegaban a David ni a la suela del zapato. Hazme caso. Si estos gnomos te llaman, deja que salte el buzón de voz. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. He aquí la razón.

La llamada de los Gnomos, Créditos de apertura, 1987.

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