Probablemente, —con la eterna excepción de la BBC— la de los 80 fue la última década de las grandes producciones de las televisiones públicas europeas. A partir de los 90, al menos en España, alguien decidió que la calidad estaba reñida con la audiencia y las grandes —y caras— producciones bien cuidadas desaparecieron de la parrilla. Antes de que eso ocurriera, quizá como el canto del cisne de una época a punto de consumirse, una dura coproducción italiana triunfaba por todo el continente y, cómo no, tras su desembarco a comienzos de 1989, también en España.

Se trataba de La piovra, una serie de miniseries —nótese la redundancia—, en las que el inspector Corrado Cattani luchaba contra la mafia hasta sus últimas consecuencias. Era un producto duro, sangriento y bastante realista, en el que la corrupción, las luchas de poder y la guerra sucia estaban a la orden del día en cada capítulo. Posiblemente, La piovra sirvió para poner sobre la mesa la inferioridad de condiciones con las que la justicia italiana intentaba luchar contra esta lacra.

De la serie, que, como ya supondrán, era demasiado adulta para los años que yo tenía durante la emisión de sus sucesivas partes en España, me quedo con tres recuerdos. El primero son los créditos de apertura de sus distintas temporadas, con música de Ennio Morricone, posiblemente por ser el elemento que se repetía cada semana.

El segundo, una dura escena en la que la mafia asesinaba a un juez o un fiscal, no lo recuerdo muy bien, con un coche bomba. No sé si inconscientemente lo relacioné con el terrorismo que sufría España, pero me impactó enormemente. Por último, aunque la traducción internacional del título de la serie apunta más hacia los tentáculos que el pulpo de la mafia desplegaba sobre gran parte de la clase poderosa italiana, yo siempre tendí a identificarlo con otra de las acepciones de la palabra: sanguijuela. Y es que no se me ocurre otra definición más acertada para una lacra como esta.

La piovra 2, Créditos de apertura, 1985.

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