Quiero aprovechar que seguimos inmersos en un tórrido mes de agosto, hecho que hace —o, al menos, eso espero— disminuir considerablemente la audiencia de esta y cualquier otra bitácora para contarles mis recuerdos de Hombre rico, hombre pobre, una serie que narraba las vicisitudes de dos hermanos que habían corrido suertes opuestas en la vida. Lo que recuerdo de esta serie es absolutamente NADA.

La causa, que en España se emitió a finales de los 70 y se repuso a comienzos de los 80, por lo que yo era demasiado pequeño. Sin embargo, a fuerza de escuchar la misma historia repetida una y otra vez, he desarrollado una gran animadversión hacia este producto televisivo. Todo ello por el simple motivo de que con muy poca edad me vi obligado a usar un parche para intentar corregir una desviación ocular —no hubo manera y acabé pasando por el quirófano, pero eso no viene a cuento— y, al parecer, los alumnos de la escuela que estaba justo al lado de mi casa —y que pertenecía al colegio en el que mi padre daba clases— me comparaban con Falconetti, un malo malísimo que levaba un parche en un ojo y que causó una honda impresión en la sociedad española.

Así que yo, con —supongo— apenas dos años, me pasaba el día indignado porque los niños de la escuela me llamaban «Falconeta». Si lo llego a saber, le copio la personalidad. No lo hice. Aún me arrepiento.

Hombre rico, hombre pobre, Créditos de apertura, 1976.

Anuncios