Aunque durante muchísimo tiempo pensé que el eslogan decía «ya» en lugar de «yo», lo cierto es que esta simple tonadilla —«Yo no puedo estar sin él»— ha sido sinónimo durante muchos años del producto que anunciaba. Porque en todas las casas del país tenía que haber un estropajo verde de Scotch-Brite —hasta que llegaron las marcas blancas— listo para deshacer cualquier fregado que se le pusiera por delante.

Es cierto que con el paso del tiempo —y la evolución de la sociedad—, los anuncios fueron variando, pero su esencia —al igual que la mujer que adornaba su envase y que se parecía muchísimo a una conocida que tuve hace años— siempre siguió ahí. Como el eslogan. Y los estropajos verdes.

Scotch-Brite, Yo no puedo estar sin él, 1983.

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