No sé por qué, pero los anuncios de detergentes, suavizantes y similares han sido siempre una fábrica de frases y personajes icónicos, destinados a perdurar en la memoria de los espectadores. Desde el «qué suave, ¿es nuevo?» al «¿y mi kimono?», pasando por el borreguito de Norit, el osito Mimosín o los payasos de Micolor, todos ellos se han convertido en auténticos clásicos publicitarios que, además, se han reinventado una y otra vez.

Lo mismo puede decirse que ocurre con aquella inmensa montaña de ropa que, tras ser tratada con el suavizante Vernel, aumentaba ostensiblemente de tamaño, para asombro del comercial encargado de vendernos sus virtudes. Y es que, desde entonces, ya se sabe: la suavidad salta a la vista.

Vernel, La suavidad salta a la vista, 1985.

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