“Érase una vez
un planeta triste y oscuro
y la luz al nacer
descubrió un bonito mundo de color”

Poco puedo decir de esta serie francesa que —al igual que hicieron algunas de sus secuelas con otros temas—, marcó la forma de acercarse a la historia de toda una generación de niños que crecieron viendo sus capítulos que, aunque sólo fueran 26 parecen muchos más. Pedro, Pedrito, Flor, el Maestro y, por supuesto, Tiñoso y Canijo, los dos individuos sobre los que recaía la ingrata tarea de intentar fastidiar todos sus planes, son personajes tan inolvidables que tengo que reconocer que más de un episodio histórico lo asocio a sus figuras.

De hecho, hace unos días hablaba con mi padre del principio de Arquímedes, a raíz de una pregunta que formularon en un concurso de televisión y la primera imagen que me vino a la cabeza fue la del Maestro interpretando al sabio griego que saltaba de la bañera para recorrer desnudo las calles de Siracusa gritando «¡Eureka!», aunque, en realidad, el que lo hiciera fuera Pedro. Como apuntaba, poco más puedo decir de esta recomendable serie francesa.

Érase una vez… el hombre, Créditos de apertura, 1978.

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