Corría septiembre de 1988 cuando aterrizó en los sábados de Televisión Española Cajón desastre, un programa contenedor nacido con la difícil misión de llenar el enorme vacío que dejaba la desaparecida Bola de cristal. A pesar de que la misión parecía prácticamente imposible, el espacio, que se dividía en tres secciones completamente diferenciadas y dirigidas a públicos de distintas edades en las que el hilo conductor era una jovencísima Miriam Díaz-Aroca recién salida del programa de Hermida, siguió consiguiendo que un buen número de niños españoles madrugásemos los sábados por la mañana.

Series de animación en el primer tramo —cómo olvidar al peludo Teen Wolf—, toda clase de cortos y animaciones, una peculiar comedia de situación que se desarrollaba en una casa de dos pisos, y que carecía literalmente de cuarta pared, entre las diferentes secciones, el estreno de series como Colegio Degrassi, De otro mundo, o la mítica Alf, en el tercer tramo, pero, sobre todo, una histérica Díaz-Aroca subida en unos patines y llevándose las manos a la boca para silbar y dar la salida a una competición por un circuito de obstáculos que siempre me recordó a mi ya difunto Autocross que se desarrollaba a mitad del espacio, son elementos inolvidables de este programa en el cabía casi de todo que revolucionó por completo la forma de hacer televisión infantil.

Y, ya de paso, el arquetipo de sus presentadoras.

Cajón desastre, Créditos de apertura, 1988.

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