La rana Gustavo, junto al inolvidable Coco, siempre fue uno de mis personajes preferidos de todas las creaciones de Jim Henson que aparecían en Barrio Sésamo. Estoy casi convencido de que la causa de esa especial simpatía no era que fuese «el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo», tal y como él se encargaba de repetir muy a menudo y que yo, muy en el fondo de mi ser, estuviese ya predisponiéndome para estudiar periodismo. El origen, más bien, se encontraba en la cándida manera en que nunca dejaba que nada estropeara su trabajo, por mal que le pudieran salir las cosas.

Como aquel día que, mientras entrevistaba a la famosa bailarina Susana Zapatillas decidió ponerse a saltar junto a ella porque, al fin y al cabo, eso es lo que hacen las ranas. Las consecuencias fueron nefastas. Bendita ingenuidad.

Barrio Sésamo, Úrsula y Espinete (fragmento), c. 1984.

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