Margaret Pynchon, editora y propietaria del diario, en su despacho, parapetada tras su mesa junto a su inseparable perro; el director del mismo, interpretado por el veterano secundario Mason Adams; algunos destellos de la redacción y, por supuesto, al periodista de raza que la protagonizaba y le daba nombre, encargado de la sección de Local, junto a un par de flashes argumentales de algunos episodios especialmente dramáticos y que se me antojan tremendamente desasosegantes, son los pocos recuerdos de infancia que guardo de la mítica serie Lou Grant.

Así que creo que puedo afirmar sin temor a equivocarme que, al menos en mi consciente, no tuvo nada que ver con la decisión que tomé años más tarde de estudiar Periodismo. Lo que también puedo afirmar es que la cabecera de su primera temporada reproduce fielmente y a la perfección lo que es el ciclo natural de las noticias, desde que germinan hasta que se convierten en algo con olor a podrido y que a muy pocos es ya de utilidad. Da igual, por cierto, el soporte que las contenga, aunque, eso sí, algunos usos del papel son irremplazables. Como muy bien queda de manifiesto en esta serie de culto.

Lou Grant, Créditos de apertura, 1977-1982.

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