Imaginen por un momento cómo sería la actitud vital un típico mayordomo británico que ha recorrido más de medio mundo y servido a todo tipo de personalidades que tuviese que desempeñar su trabajo en la casa de una típica familia americana de clase media. Y, lo que es más importante, cómo sería la relación que se establecería entre ambos elementos de la ecuación.

Pues precisamente ese era el punto de partida de Mr Belvedere, una comedia de situación que narraba los choques culturales y sociales que se producían entre el mayordomo que le daba título y sus señores, la familia Owens. Choques que, en el fondo, demostraban lo mucho que se apreciaban entre ellos, tal y como venía a ratificar el propio mayordomo cada noche cuando, sentado en su escritorio, plasmaba los acontecimientos del día.

Precisamente esa escena, repetida hasta la saciedad en cada capítulo, viene a ser el único recuerdo claro que guardo de la serie. En cuanto a la escasa originalidad del argumento, podríamos resumirlo en que la relación del señor Belvedere con los Owens es bastante similar a la que poco después mantendría Geoffrey con los Banks de El Príncipe de Bel Air, serie de la que, al contrario que me ocurre con esta, guardo muchos más recuerdos. Para mi desgracia.

Mr. Belvedere, Créditos de apertura, 1985-1990.

 

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