Posiblemente, Triki sea uno de los personajes más entrañables que pasó por Barrio Sésamo en toda su historia. La perfecta mezcla de candidez y agresividad que destilaba el nada temible monstruo de las galletas era capaz de meterse en el bolsillo a cualquier niño —y no tan niño, lo acabo de comprobar en propia carne— que fuese testigo de una de sus aventuras.

Un claro ejemplo de ello es la dulce y triste balada que, rodeado de animales de granja, le dedicaba a la querida galletita que estaba a punto de devorar, a base de desmenuzarla y echar todos los pedazos por fuera de su boca. Como siempre.

Barrio Sésamo, Adiós, adiós, galletita, c. 1984.

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