“Por fin llegó la cosecha
Llegó la cosecha, hermano
Que ya parieron sus frutos
Regadíos y secanos”

Soy consciente de que ya lo he escrito en muchas ocasiones, pero yo no tengo la culpa de que los años 80 generasen tantos eslóganes y sintonías publicitarias que han pasado a formar parte de la memoria colectiva de los españoles que consumíamos televisión en aquella década. Quizá la inexistencia de competencia televisiva hacía imposible el ejercicio del zapping y no quedaba otro remedio que tragarse todos los anuncios. O que ya en esa época la industria publicitaria española comenzaba a poner las bases de una evolución que la ha llevado a estar en la vanguardia mundial del sector.

El caso es que el canto a la tierra que a mitad de esa década hacían las bodegas Domecq se ha convertido en uno de esos soniquetes que, junto a los publirreportajes de la Leche Pascual, nos traen a la mente entrañables recuerdos de una infancia que cada día queda un poco más lejana. Y, si no es así, que levante la mano quién no haya esbozado, al menos, una media sonrisa nostálgica al escuchar aquello de «por fin llegó la cosecha, llegó la cosecha, hermano».

Pedro Domecq, Canto a la tierra.

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