No sé por qué, junto al subversivo vídeo que invitaba a los espectadores a leer, uno de los recuerdos más claros que conservo de La bola de cristal es el del spot protagonizado por un muchacho que, cargado con una enorme bolsa de deportes, llegaba a la cancha dispuesto a encarnar todos los roles necesarios para disputar un partido de fútbol.

Sin embargo, tras unos agobiantes minutos en medio de las burlas de sus compañeros, la tozuda realidad le demostraba que «solo no puedes, con amigos sí», por lo que acababa pidiendo la colaboración de los que hasta entonces habían sido unos meros espectadores, en un claro ejemplo de lo valiosas que son la amistad y el compañerismo.

La bola de cristal, Spot Solo no puedes, con amigos sí, 1986.

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