La relación de amor y odio existente entre el impostor y canalla Remington Steele y la eficiente aunque algo ingenua detective Laura Holt fueron los mimbres sobre los que triunfó esta serie de detectives que catapultó a la fama al actor irlandés Pierce Brosnan.

En mis recuerdos televisivos, las andanzas de estos dos personajes por la ciudad de Los Ángeles, escapando de toda clase de situaciones peligrosas, en muchas ocasiones gracias a los paralelismos que Steele encontraba con multitud de clásicos de Hollywood, probablemente ocupen el lugar de la primera serie dirigida a un público adulto que seguí de forma regular y consciente.

Aunque no voy a negar que en sus últimas temporadas la serie degeneró bastante, su inolvidable sintonía, compuesta por Henry Mancini, y algunas escenas de sus títulos de crédito —un disparo que, en lugar de impactar en Laura Holt, atraviesa una almohada de plumas con funda de seda—, junto a todo tipo de situaciones propias de una comedia romántica que se repetían en cada uno de sus episodios, forman desde hace muchos años parte de mi memoria.

Y, si no fuera por plataformas alternativas como Vimeo, ahí permanecerían, porque ni el mejor de los detectives parece capaz de encontrar en YouTube la secuencia de sus créditos de apertura. Irónicamente extraño.

Remington Steele, Créditos de apertura, 1982-1987.

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