Aquella caja de viejos libros escolares que encontré durante la limpieza del pasado mes de agosto, no sólo contenía los dos libros de lecturas de los que he hablado en domingos anteriores, sino que escondía también los que fueron los tres libros de texto con los que inicié mi andadura escolar, allá por Primero de E.G.B. Eran tres pesados y voluminosos ejemplares —dedicados cada uno de ellos a las tres principales áreas que había que estudiar— editados por Anaya, al contrario de otros muchos que posteriormente pasaron por mis manos, nunca los he podido olvidar.

El medio y yo

«El medio y yo», paradójicamente, el mejor conservado de los tres.

Quizá sea porque fueron los que me introdujeron en el apasionante, agotador y muchas veces frustrante camino de la vida académica. O, simplemente, porque me gustaban sus portadas, con fotografías protagonizadas por niños —que siempre me recordaron a los vídeos que se emitían en Barrio Sésamo— enmarcadas en la silueta de un árbol o una flor. Y la apelación directa que empleaban en sus títulos, al unir la materia a estudiar con el alumno gracias a un simple y brillante «y yo».

Paradójicamente, El medio y yo, dedicado a los temas de Naturaleza y Ciencias Sociales —quién nos iba a decir que ahí se escondía un precedente de la actual asignatura de Conocimiento del Medio— es el que mejor se conserva. Los de Lengua y, sobre todo, Matemáticas, en cambio, están bastante perjudicados. Tienen casi 30 años. Así que tampoco están tan mal.

Las letras y yo

«Las letras y yo», dirigido por Fernando Lázaro (Carreter).

Los números y yo

«Los números y yo», un manual de matemáticas prácticamente deshecho.

 

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