Hace unos meses hablaba de la, quizás, un tanto olvidada figura de Torrebruno y cómo para cierta generación su nombre era casi sinónimo de las épicas batallas entre tigres y leones. Sin embargo, desde aquel día de mayo, una voz dentro de mí decía que no podía olvidarme de aquella canción que dedicaba a Don Pelanas, un perro todo pelo y corazón que se pasaba la semana durmiendo y sólo despertaba para acudir a su cita con el Dabadabada.

No me pregunten por qué, pero esta canción de la que apenas hay rastro en la red, a pesar de pretender mandar un mensaje entre simpático y divertido, a mí siempre me provocó una inexplicable sensación de melancolía. Y, para mi sorpresa, acabo de descubrir que treinta años después lo sigue haciendo.

Torrebruno, Don Pelanas, c. 1980.

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