La inteligencia artificial ha sido un tema recurrente para el cine y la televisión, ya sea con los inquietantemente humanizados robots de la Inteligencia artificial —¡mira tú qué original!— de Steven Spielberg o con el calculador, asombroso y bastante repelente Kitt. Pero muy de estos artefactos pocos serán tan entrañables como Número 5, el torpe robot protagonista de la película Cortocircuito que, diseñado para formar parte de un sofisticado programa militar, adquiere vida propia tras, como Frankenstein, ser alcanzado por un rayo.

La huida de sus creadores, los amigos que hace por el camino y, sobre todo, la evolución y el aprendizaje que experimenta a lo largo de toda la cinta hasta dejar de ser Número 5 y convertirse simplemente en Johnny 5 son quizá lo mejor de una película que, al igual que muchos otros niños de los 80, recuerdo con un gran cariño, pero que, seguramente, hoy no pasaría el examen de mi yo adulto. Y eso que el robot molaba bastante. Y, si no, que se lo digan a los creadores de Wall·e.

Cortocircuito, Tráiler (V.O.), 1986.

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