Hoy voy a ser muy breve. Lo justo para decir que siempre odié al Conde Draco, esa marioneta con forma de vampiro y alma de profesor de matemáticas que se pasaba el día contando todo lo que se podía contar y, si lo dejaban, también lo que no se podía. Hacia adelante y hacia atrás. Daba igual. Donde hubiese algo que contar ahí estaba Draco y sus relámpagos al llegar a diez. Aunque eso suponga desquiciar a la cándida señorita Linda Mirada.

Barrio Sésamo, Linda Mirada entrevista al Conde Draco, c. 1984.

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