Poco después de las nueve de la noche del 13 de noviembre de 1985 —se cumplen justo ahora 28 años—, el volcán colombiano Nevado del Ruiz registró una violenta erupción que provocó una gran avalancha de lodo y materiales de arrastre que, en apenas un par de horas después, sepultaron el pueblo de Armero, provocando una enorme catástrofe cuyo recuerdo todavía hoy conmueve al mundo.

A mantener vivo ese recuerdo contribuye enormemente un nombre propio, el de Omaira Sánchez, una niña de 13 años que estuvo atrapada entre los escombros, junto a los cuerpos sin vida de sus familiares, durante casi tres días, sin que nada pudiera hacerse por salvar su vida, ya que la magnitud del desastre, en el que murieron más de 23.000 personas, unida a la imprevisión de las autoridades impidió que la ayuda llegase en tiempo, forma y cantidad suficiente.

Más de 25 años después de la tragedia de Armero, la polémica acerca de la actuación del Gobierno colombiano sigue aún abierta. Igual que siguen vivas las voces que critican a los desbordados servicios de rescate o, incluso, a los propios periodistas por no hacer nada más que dar ánimos a Omaira durante su larga y lenta agonía.

La entereza con la que la niña afronta su destino y los inútiles ánimos que trata de infundirle el reportero de Televisión Española Evaristo Canete, mientras capta las imágenes de un reportaje del siempre necesario Informe Semanal galardonado con un Premio Ondas, siguen hoy poniendo la piel de gallina, los pelos de punta y haciendo que no nos olvidemos ni de Omaira ni de la tragedia de Armero, aquella que por ignorar todas las señales provocó el Nevado del Ruiz. Recordándola para que nunca se repita.

TVE, La agonía de Omaira, 1985.

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