Cuando hace algo más de un mes esperaba, hecho un manojo de nervios y, muy probablemente, con cara de asustado, en el departamento de maquillaje de los estudios de Televisión Española en Sant Cugat del Vallès para que me pusieran a punto para debutar en Saber y Ganar, me encontré con Juanjo Pardo, a quien le hacían lo propio para que presentara el programa Para todos La 2. Aunque de todos los profesionales de TVE, es Jordi Hurtado quien lleva colgado el sambenito de no envejecer jamás, tuve que reconocer que Pardo está prácticamente igual que cuando presentaba el Club Disney, aquel espacio contenedor que desembarcó en las pantallas de la Primera Cadena allá por octubre de 1990.

En este espacio conocimos las Pato Aventuras de los traviesos Juanito, Jaimito y Jorgito, asistimos a los peligrosos casos de los Guardianes Rescatadores Chip y Chop, descubrimos la habilidad como piloto del oso Baloo en Aventureros del Aire y conocimos a un jovencísimo Jason Priestley convertido en un ángel joven, años antes de convertirse en ídolo de quinceañeras seguidoras de Sensación de Vivir. Pero, sobre todo, empezamos a sumergirnos sutilmente en la magia y la fantasía del Mundo Disney, algo que, irremediablemente, terminaba en la petición —casi exigencia— de un viaje a uno de sus parques de atracciones.

Por eso, siempre he pensado que el comienzo de sus emisiones, apenas dos años antes de la inauguración de Disneyland París, no fue una casualidad. Ni que el hecho de que yo ya casi rozara los trece años retrasara mi primera visita y hasta catorce años más tarde, ya en plena edad adulta, no recordara lo que era sentir ese espíritu Disney que te invadía cada sábado por la tarde cuando te adentrabas en los dominios de su siempre hipnótico mundo.

Club Disney, Créditos de apertura, 1990.

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