No sé si será por el frío, la escasez de luz natural, la cercanía de la Navidad o el peso —cada vez mayor— de las ausencias, pero diciembre siempre ha sido para mí uno de los meses más melancólicos del año. Casi al comienzo de esta aventura, que tiene precisamente la nostalgia como uno de sus principales leitmotiv, comenté que el recuerdo más claro —por no decir casi el único— que conservo del programa infantil El Kiosco era una adaptación del tema de Limahl Never Ending Story en la sección Baby Disco.

Lamentaba por aquel entonces que, aunque había encontrado sus particulares versiones de otros muchos grandes éxitos de esa época —algunos hoy grandes éxitos—, me había resultado imposible localizar la actuación que mejor recordaba. Hoy, casi de casualidad, me he topado con un fragmento de la misma. Apenas dura un minuto y once segundos, pero me ha traído cientos de momentos de mi infancia a la mente.

La historia interminable es un libro cuya lectura me marcó enormemente. Aunque la película es incapaz de reflejar fielmente el universo creado por Ende, su banda sonora siempre me evocó las aventuras que Bastián vivía a través de Atreyu en su búsqueda de salvar a la Emperatriz Infantil antes de que la Nada devore su reino por completo. Es más, la simple relectura al azar de alguna de sus páginas impresas en tintas roja y verde es capaz de remover en mi interior esas sensaciones infantiles que ya casi creía olvidadas.

Justo las mismas intensas emociones que hoy, a punto de iniciar un nuevo y nostálgico mes de diciembre, me ha despertado El Kiosco con un pequeño fragmento de una historia interminable y profundamente inolvidable.

El Kiosco, Baby Disco: La historia interminable (Fragmento), c. 1985.

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