Si hace unos meses comentaba que uno de los trucos mejor empleados por los guionistas de Dinastía para elevar los niveles de audiencia de la serie era recurrir a las peleas entre la sosa Krystle y la pérfida Alexis y traje hasta aquí su momento más álgido, encarnado en la que disputaban en el estanque del jardín —y nótese que digo «en» y no «en torno a», porque acababan dentro del mismos, hoy rescato el origen de esa tradición, la primera pelea de gatas que abrió camino a una serie de batallas, a cada cual más patética, de las que los peinados imposibles, las lentejuelas y las hombreras salían bastante perjudicadas.

Esta pelea inaugural, toda una batalla campal, tuvo lugar en la cabaña que Alexis usaba como estudio de pintura y se inicia cuando Krystle le recrimina haberla hecho caer de un caballo, accidente por el cual perdió el bebé que esperaba. La riña es tan grande —prácticamente destrozan la habitación— como patética la escena que, como no podía ser de otra forma, acaba con la mosquita muerta de Krystle destrozando contra un mueble uno de los horrorosos lienzos de Alexis.

Antes de marcharse, eso sí, deja ya claro que se trata tan solo de la primera de una serie de muchos y memorables enfrentamientos físicos: «Si quieres la revancha, silba. Si puedes». Ya lo saben. Peleas de gatas.

Dinastía, Pelea en el estudio, 1982.

Anuncios