Salido también de la factoría de Jim Henson, El cuentacuentos fue un producto televisivo ambicioso que, con la participación de grandes actores y las marionetas que siempre fueron marca de la casa, pretendía crear una auténtica antología sui generis, eso sí, de los cuentos tradicionales más conocidos, unidos a través del hilo conductor del narrador y su perro.

Sin embargo, debo reconocer que nunca me atrapó. La recuerdo como ruido de fondo de otras actividades en frescas —esto es Canarias— tardes de invierno. Recuerdo muy bien la cabecera, con la introducción que indicaba cuál era la importancia de la figura del cuentacuentos, al propio personaje, entre misterioso y siniestro, sentado junto al fuego, comenzando a narrar las historias y muchos fragmentos sueltos del desarrollo de las mismas, con una estética que nunca me terminó de gustar.

Un intento loable de acercar las historias tradicionales hasta los más pequeños que, aún hoy, me resulta muy difícil de calificar.

El cuentacuentos, Créditos de apertura, 1988.

Anuncios