Capaz de vender cepillos de dientes a una rana, correr los cien metros lisos una y otra vez para enseñar la diferencia entre cerca y lejos o de escalar una montaña para mostrar cómo funciona el eco, no hay duda de que Coco era el personaje más esforzado de todos los teleñecos que habitaban Barrio Sésamo. Incluso en aquellos momentos en que nada le salía bien. Como aquel día que trabajó como cartero que cantaba telegramas.

Pero, conociendo sus andanzas como camarero o en el salvaje oeste, intentando montar a la mítica Jaca Paca saltando desde un segundo piso, está claro que el desastre se veía venir.

Barrio Sésamo, Coco el cartero, c. 1984.

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