Prácticamente todos los que fuimos espectadores de Barrio Sésamo en los años 80, hoy nos sentiremos identificados con el vecindario que describía esta canción protagonizada por unos cuantos muppets anónimos, en el que todos sus habitantes eran amigos de la solista, que aprovechaba la canción para enseñarnos los oficios habituales que se pueden encontrar en un típico barrio de ciudad. Un barrio en el que todos sus vecinos eran conocidos y se podía salir a la calle a jugar sin ningún temor. Justo como la mayor parte de los barrios de los años 80. O, al menos, como el de mi infancia.

Por lo demás, este vídeo no tiene mayor historia —ni excusa— que la de hacer constar que la niña que interpreta la canción era la misma que otro día, junto a sus vecinos, se disponía a ver un desfile de bandas de música mientras se comía un chupachup de un rojo intenso. El problema era que cada una de las bandas aparecía por un extremo de la calle y tocando una marcha diferente. Al grito de «Un momento, un momento, que vienen por ahí», alertaba del problema, para resolverlo al hacer que ambas formaciones marchasen en el mismo sentido y tocaran la misma canción.

Una solución de sentido común para un vídeo mítico e ilocalizable. Lástima, porque prefiero el caso concreto a la idealización de un barrio neoyorquino que, ni era así, ni nunca lo será.

Barrio Sésamo, En mi barrio estoy, c. 1984.

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