En un día como hoy, en el que prácticamente toda España anda preocupada por no equivocarse —ni atragantarse— a la hora de tomar las uvas sincronizados con el reloj de la Puerta del Sol, tengo que confesar que cada año me siento ante el televisor a ver esa retransmisión con el secreto anhelo de que alguien meta la pata y deje, de nuevo, a medio país con la mitad de las uvas en el plato. Total, aquí son todavía las once de la noche, aún nos queda una hora en el año viejo y no recuerdo que ninguno de los relojes que cada año se van turnando en las cadenas de las islas para despedir el año haya tenido cuartos. Así que una catástrofe de esas no me afectaría en absoluto.

Sin embargo, nunca ocurre. En cambio, juraría que hace ya unos cuantos años el reloj de la iglesia de Arucas, no sé si en la retransmisión de Antena 3, Televisión Española o la Televisión Canaria —¿o fue Telecinco?… mi municipio fue el escenario escogido para despedir el año durante al menos tres navidades consecutivas y ya no lo tengo muy claro—, dio once campanadas en lugar de las doce preceptivas. Lo que es cierto es que la anécdota estuvo en boca de toda la ciudad y medio Archipiélago durante un par de días. Desde entonces, la iglesia de San Juan no ha vuelto a despedir el año. Televisivamente hablando, al menos.

En el ámbito nacional, en cambio, el incidente fue mucho más sonado. Porque hasta que encargaron a Marisa Naranjo retransmitir la llegada de 1990 nadie se había formado tanto lío con el carrillón, la bola y los dichosos cuartos. Pero en esa ocasión la llegada de las privadas había dejado a Televisión Española sin espacio, por lo que pusieron a mi paisana a comentar las campanadas en un pasillo, sin escuchar el sonido de la plaza y sin un mísero monitor en el que ver lo que ocurría. Fue una retransmisión a ojo. Y pasó lo que tenía que pasar. Que la traicionaron los cuartos y prácticamente toda España se quedó sin comerse las uvas. Salvo un una comunidad autónoma que tiene la peculiar costumbre de tomárselas una hora más tarde.

Desde entonces, cada año se repiten las mismas explicaciones didácticas sobre el funcionamiento del reloj de la Real Casa de Correos y toda clase de infografías van marcando cada una de las campanadas. Todo para que ni un solo español con horario peninsular se quede sin tomarse una sola uva. En Canarias, en cambio, es otra cosa.

Televisión Española, Campanadas de Fin de Año de 1989, 1990.

¡Ah!, que se me olvidaba: ¡Feliz año nuevo!

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